Me llevé una sonrisa de Chicago

Siempre llevo mi cámara conmigo. A veces puede resultar un poco voluminosa pero ya forma parte de mí. No lo puedo evitar.

Chicago, julio de 2026. El pronóstico del tiempo daba lluvia y no las teníamos todas con nosotros para realizar cualquier plan. Pero el sol hizo acto de presencia y decidimos ir al Zoo. Para nuestra suerte y nuestros bolsillos, la entrada era gratuita y pudimos entrar sin problema. Eran las 11 y media de la mañana, y el calor era prominente y los animales lo notaban.

Los animales decidieron ir a sus jaulas y estar fresquitos lo que nos decepcionó un poco. Lo único que vimos en los recintos de cara al público fueron los voluntarios y el personal limpiándolos.

Hasta que llegamos a la sección de animales Africanos. Allí nos dieron la bienvenida diversos animales, pero los que sin ninguna duda robaron los corazones de los visitantes y nuestros fueron las suricatas. Esos pequeños animalitos jugaban, dormían, corrían, en pareja y solas.

Saqué mi cámara, y pude hacer algunas fotos de ellas y la verdad, quedé muy contento del resultado y me llevé una sonrisa puesta gracias a Chicago.